El síndrome de Tarantino

La identidad de los individuos es la expresión máxima de todo lo que nos hace ser nosotros. No podemos dejar de lado todo el contexto que nos forja día con día para ser las personas que interactúan con el exterior.

El tema de las figuraciones, mencionado por el sociólogo Norbert Elías, es muy pertinente en esta reflexión. Dichas conceptualizaciones de imágenes sociales nos hacen observar el contexto de una manera específica y tratar de moldearlo a como nosotros queremos vivirlo.

Cuando cada uno de nosotros desarrolla una identidad y designamos quiénes queremos ser, descartamos comportamientos y características, así como adoptamos y apropiamos otras. Por lo tanto, el individuo comienza a relucir entre tanta ambigüedad.  En el mejor de los casos, cada individuo se vuelve un elemento dentro de una mezcla heterogénea social, como resultado de su misma autonomía. La homogeneidad social puede ser un peligro para el desarrollo de la personalidad y la trascendencia de cada uno. Nos volvemos lo que nos dicen y no lo que queremos ser.

Es entonces cuando se propone este pensamiento del llamado por el autor de este artículo, síndrome Tarantino. Inspirado en el director de cine Quentin Tarantino, conocido por algunos como el padre de la nueva narrativa cinematográfica por sus proyectos Perros de Reserva (1992) y Tiempos Violentos (1994). Fue por esta última que se ganó su primera estatuilla como Mejor Director en los premios Óscares.

Tarantino comenzó a subir en popularidad como espuma de cerveza. Su cine ultra violento, lleno de referencias pop y tomas atrevidas pronto comenzó a sonar en los círculos de amantes del séptimo arte. Conforme su fama fue tomando cada vez más forma, sus películas comenzaron a tener más apoyo y por ende, más recursos.

Con el paso de los años, muchos de sus seguidores comenzaron a percibir la esencia de sus películas diferentes. Proyectos como Django: Sin cadenas (2012) recibieron críticas cercanas a una falta de identidad clara por parte del director. Pensando entonces en Tarantino dejando de ser Tarantino, para tratar demasiado en ser Tarantino. ¿Parece trabalenguas no?

Esto nos lleva al pensamiento principal del artículo de hoy, ¿nos ha pasado que somos más la imagen de lo que creemos? o ¿nos concentramos en verdaderamente ser?

Cada persona cuenta con elementos para deconstruirse y reconstruirse. Es menester para este proceso, racionalizar quiénes somos y en quiénes nos queremos convertir. Trabajar de manera ardua y fuerte para mejorar en los aspectos de la vida que queremos forjar día con día. Por lo tanto, el síndrome Tarantino tiene un riesgo latente, luchar por cumplir con mínimos indispensables, para dejar de fluir y vivir como verdaderamente somos.

El río siempre encuentra flujo en diferentes caminos. Ninguna actitud tendrá entera justificación solo porque «así eres». Decide cada día como quieres iniciar tu jornada y por ende, como la quieres terminar. Construye tu imagen ladrillo por ladrillo y permítete equivocarte, que para eso estamos en esta vida.

Pero lo más importante, nunca te mientas, porque la congruencia es lo más válido que tenemos para obrar día con día. Eso lo entendí, el día que me decidí a amar.

¡Bendiciones a todos y todas!

2 comentarios sobre “El síndrome de Tarantino

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